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La promesa que cambió el jazz

The Promise That Changed Jazz

La promesse qui a changé le jazz

En 1957, John Coltrane tocó fondo entre adicciones y le hizo una promesa a Dios. Siete años después, con un saxofón y un cuarteto, la cumplió.

La promesa que cambió el jazz — John Coltrane

Disco referencia

La promesa que cambió el jazz

John Coltrane · 1964 · Impulse!

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Hay discos que nacen de la técnica, otros del talento, algunos de la ambición. Y hay unos pocos —muy pocos— que nacen de una deuda. A Love Supreme es uno de ellos. John Coltrane, en algún punto de 1957, sumido en la heroína y el alcohol, le hizo una promesa al universo: si salía de eso, le devolvería algo que ningún músico hubiera dado antes.

No fue fácil. La historia de Coltrane en esos años es la de un genio en guerra consigo mismo. Lo habían despedido dos veces de la banda de Miles Davis por su adicción. Había intentado desintoxicarse y fallado. Era un músico que todo el mundo admiraba y al que nadie quería contratar. Vivía en una oscilación constante entre el brillo y el abismo, entre tocar con Thelonious Monk y desaparecer por semanas enteras.

La promesa, sin embargo, no se olvidó. Y un día de 1964 —siete años después de haberla hecho— Coltrane se levantó distinto. No hay otra forma de describirlo: ese día decidió ser otro hombre. Dejó atrás las drogas, el licor, el caos. Y con esa claridad nueva se fue directo al estudio.

El 9 de diciembre de 1964, el John Coltrane Quartet entró al Van Gelder Studio en Englewood Cliffs, Nueva Jersey —el mismo estudio donde se habían grabado algunos de los discos más importantes del jazz. McCoy Tyner en el piano, Jimmy Garrison en el bajo, Elvin Jones en la batería. Grabaron el disco completo en un solo día, en cuatro movimientos que Coltrane describió como etapas de un trance espiritual: Acknowledgement, Resolution, Pursuance y Psalm. El primero, dijo, era la recepción de la señal divina. Los otros tres, el camino de regreso.

El resultado es un disco que no obedece a ninguna religión en particular. Para muchos es cristiano; para otros, budista; para algunos, sencillamente humano. Coltrane lo dejó abierto a propósito. Su premisa era que si el universo fue creado por un gran sonido primordial, ese sonido podía canalizarse a través de un saxofón. Hay momentos en A Love Supreme donde Coltrane no parece estar improvisando: parece estar conversando. Diciéndole cosas a Dios con el instrumento que el lenguaje corriente no alcanza a contener.

El disco vendió cerca de 800.000 copias —una cifra extraordinaria para un trabajo de jazz espiritual y avant-garde. Hoy, más de 60 años después, acumula 43 millones de reproducciones en Last.fm y figura entre los álbumes más buscados de la historia en Discogs: más de 186.000 personas en lista de espera para conseguir el vinilo original. Músicos, filósofos, teólogos y oyentes de todo el mundo siguen estudiándolo como si guardara un secreto que aún no se ha descifrado del todo.

Coltrane murió en julio de 1967, apenas tres años después de entregar su promesa. Tenía 40 años. Hay quien dice que lo sabía, que este disco era su despedida. Hay quien dice que simplemente quiso ser fiel a lo que había prometido. Quizás ambas cosas sean ciertas. Lo que sí es cierto es que A Love Supreme sigue sonando hoy con la misma urgencia del primer día: como algo grabado no para el mercado, no para la crítica, sino para saldar una deuda sagrada. Yo lo escuché por primera vez sin saber nada de la promesa, nada de la adicción, nada de la muerte que vendría después —y aun así me detuvo en seco. Hay discos que te hablan. Este te busca. Ponlo y deja que te encuentre.

La promesa que cambió el jazz

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