Investigación musical
Desempolvo discos e investigo culturas para relatar lo que se escucha más allá de lo que suena.
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Camarón renunció a su raíz para aventarse al mundo, una locura en la que Tomatito y Ricardo Pachón le acompañaron con genios como Rubem Dantas, Carles Benavent y Kiko Veneno. El disco que parecía un sacrilegio contra el cante jondo se volvió una joya de la identidad flamenca y la cultura gitana en el mundo.
En 1959, Miles Davis entró a un estudio en Nueva York con seis músicos y unos pocos bocetos escritos a mano. Lo que grabaron ese día no tiene nombre exacto en el lenguaje musical. Hoy lo llamamos Kind of Blue, y es la respuesta correcta a cualquier pregunta sobre por dónde empezar con el jazz.
En 1957, John Coltrane tocó fondo entre adicciones y le hizo una promesa a Dios. Siete años después, con un saxofón y un cuarteto, la cumplió. El resultado se llama A Love Supreme.
En 1970, Carlos Santana no solo lanzó un disco; redefinió la manera de escuchar el rock en Estados Unidos, marcando a fuego el sonido del West Coast con una cadencia inconfundible.
Nunca antes un género discutió tanto su paternidad, ni tuvo tantas calurosas discusiones con miras a encontrar su origen y punto de partida exacto. Lejos de esos altercados estériles, recordamos un álbum que se puso el nombre del género que daría de qué hablar muchos años más. Obviamente no fue el primero en usarlo, pero sí el que puso la firma en su acta de bautizo.
La denuncia más grande de la música afrocaribeña se hizo hace décadas, cuando el éxito se medía por la obra y no por los algoritmos.