fbpx
Seleccionar página
1959, el año revolucionario del jazz

1959, el año revolucionario del jazz

La música siempre ha servido para enmarcar y evocar momentos memorables de la humanidad. Por cierto, en mi caso personal, cada vez que quiero recordar un hecho en particular de alguna época, viajo en el tiempo para encontrarme imaginariamente con algún lugar en el pasado cuya banda sonora siempre termina por convertirse en un vehículo que me lleva de regreso.

También como un gesto curioso, me gusta mirar listados de éxitos de otras épocas, como el de Billboard o el Top Forty, por ejemplo, para tratar de entender qué banda sonora enmarcaba determinados hitos de la historia, qué sonaba en la radio cuando el mundo registró la guerra de Vietnam, qué música se escuchaba en la radio cuando el hombre fue a la Luna (si fue verdad o no hará parte de otro podcast), y estoy seguro que en unos años algún melancólico sacará un playlist de lanzamientos y éxitos de la pandemia. Pero yo, que con el tema de la radio a veces soy nostálgico, como en una especie de ritual, al llegar a una ciudad o país diferente al mío, hago un recorrido por la FM de sus emisoras, tratando de entender cómo suena cada lugar. Mi consigna al respecto es clara, las épocas y los lugares tienen sonidos que, a veces, se nos vuelven un separador de página o simplemente una excusa para volver.

En el caso concreto de los países, es mucho más difícil conectarlos con un sonido o género, bueno, eso creía yo hasta que vi en la BBC un documental que hablaba de uno de los años más polémicos de Estados Unidos, política, social y culturalmente. Un año que, según me detuve a investigar después, fue precisamente un hito para la música afroamericana: 1959.

Se preguntarán ustedes qué hay detrás de todo esto y por eso quise crear un programa para explicarlo, y es porque considero al año 1959 como un hermoso grito de libertad en tiempo de jazz. Es como si cada uno de los músicos que participaron en esta corriente se hubieran puesto de acuerdo para escribir un ensayo sonoro sobre todo lo que pasaba en Estados Unidos en ese momento, y cada canción fuera un manifiesto desde su orilla y postura artística. El resultado es un compendio de álbumes y canciones que retratan perfectamente una época y sirven como un óleo donde quedaron plasmadas las consignas y reflexiones musicales de cada uno de estos genios.

Aclaro, no pretendo con esto posar de erudito, cronista o mucho menos biógrafo de estas leyendas del jazz. Simplemente quiero compartir este momento de la música afroamericana.

Aquí comienza este viaje dedicado a 1959, el año de la revolución del jazz.

Sería un pecado comenzar a referir esta historia y no hablar de uno de los genios de la época, el gran Miles Davis y su álbum Kind Of Blue, un trabajo que para los expertos y conocedores del jazz cambió por completo la forma de hacer la música al imponer el sistema modal, sobre el tonal, método que habían utilizado músicos del BeBop como charlie parker o dizzy gillespie, entre otros antecesores. Para la música este cambio no solamente fue una especie de grito de revolución que Davis, como buen sintetizador de toda esa sed de cambio, puso sobre la mesa, marcando una nueva pauta para el jazz, si no que fue la receta que catapultó a su álbum como el disco más vendido en la historia de la música jazz que, incluso, vende alrededor de 10 mil volúmenes físicos a la semana en el mundo. Una cifra sorprendente si hablamos de un disco que tiene más de 60 años.

Este álbum puso en la órbita musical a un puñado de genios que, según relatan las historias de testigos, se subieron con Davis en una especie de nave impresionista que los llevó a volar hacia un óleo en blanco sobre el cual podían pintar con la simpleza de quien dibuja con unas pocas notas improvisadas lo que la atmósfera de un acorde y un patrón rítmico le dicte. Fue así como Bill Evans, Jhon Coltrane, Cannonball Aderley, James Cobb, Winton Kelly y Paul Chambers hicieron este disco que curiosamente combina la simpleza con la profundidad al referirse desde su título Kind of Blue, lo que traduce literalmente “una especie de tristeza”

Quiero que presten atención a esta canción porque So What, la canción que vamos a escuchar, tiene

El otro disco que rompió todo tipo de esquemas, récords de ventas, estilos, estructuras y demás patrones fue Time Out, del pianista Dave Bruveck. El álbum, acompañado por el maestro del saxo alto, Paul Desmond, Eugene Wright al bajo y Joe Morello a la batería, fue un producto visto con recelo por el sector más purista del jazz por su por su efectismo mediático, que terminó por sorprender a muchos por ser una obra asociada a la corriente del jazz de la costa Oeste, con matices alegres que marcaban una línea diferente a los sonidos grises de NY o Filadelfia, o al Kind of Blue de Miles, por ejemplo, y que con una mezcla de experimentación y comercialidad, se metió en los oídos del público del común estadounidense, con una serie de composiciones escritas todas en diferentes métricas, empezando por la consagrada «Take Five», una obra maestra en 5/4 salida de la pluma de Paul Desmond y otros temas también exitosos, como el tema que abre el disco: «Blue Rondo a la Turk». Una producción revolucionaria que desafió a las matemáticas, por ende, al oyente.

La sorpresa de Time Out es que pone en la escena a un experimental músico blanco, que comienza a presentarse por todas las universidades norteamericanas con el show de un músico negro en su nómina, su bajista Eugene Wright; algo que escandalizaba a directivos y ciertas élites que no soportaban la idea de ver a un músico afroamericano aplaudido por multitudes, algo que de cierta manera disfrutaba Bruveck, quien en una especie de reto al racismo y burla a las estructuras conservadoras, se las ingeniaba para que siempre su bajista Wright terminara en la delantera de la tarima, bajo la excusa de un supuesto problema de sonido que lo obligaba a ser el centro del show y los aplausos.

Otro genio que merece un podcast completo, y muchos capítulos por su particular estilo, es Charles Mingus, músico proveniente de una familia de origen sueco y afroamericano por parte de sus abuelos paternos, y chino y británico por parte de sus abuelos maternos. Una particular combinación que forjó a un experimental músico que le declaró abiertamente la guerra a los moldes y estructuras, y se enfocó en una búsqueda individual que se decantó finalmente en su álbum Ah Um, una joya capaz de plasmar y mezclar con maestría el enfoque musical de Mingus, un catalizador de la cultura tradicional de la música europea, la música religiosa, el bebop con el cool, para, en definitiva, hacer de su música una experiencia surreal.

Mingus, tachado por muchos por ser un genio impulsivo y cascarrabias, logró plasmar el sarcasmo y la crítica al racismo en piezas como «Fables of Faubus», el lirismo conmovedor «Goodbye Pork Pie Hat» (dedicado a Lester Young) y la alegría eufórica de «Better Git it in Your Soul». Un álbum que merece ser escuchado completo varias veces para entender el mensaje implícito de un genio incomprendido que le gritaba a una sociedad que no soportaba y de la cual por momentos no se sentía parte.

Ah Um es un trabajo que, a la manera mingusiana, también representó y todavía representa un verdadero desafío. Es un disco sorpresivo, donde escuchamos esos arreglos alucinantes como en Open Letter to Duke, un tema dedicado a una de sus influencias: a Duke Ellington, y donde escuchamos tres ambientes sonoros diferentes, es una suite de tres piezas. Bueno, Mingus se toma libertades como éstas. Este disco es, sin duda, una de las producciones más vanguardistas que se hayan hecho.

Y llegando a la parte final, hablaremos de un genio del estruendo, el ruido encaminado, la ruptura de esquemas y el asesinato del jazz. ¡Sí! Ornette Coleman, un muchacho negro y tímido de Texas, fue acusado en 1959 por la crítica de asesinar al jazz con su album The Shape Of Jazz To Come. Album hecho con simpleza, convicción y rebeldía y, por lo tanto, provocador para los llamados «guardianes» de la ortodoxia jazzística, anclados todavía en los sonidos de los años cuarenta que sentían como un adefesio aquel álbum que abría con la pieza Lonely Woman, que despertaba al oírla un sentimiento de desolación tal que contrasta enormemente con el resto de las piezas del disco. Es una lección magistral basada en el espíritu del blues, la improvisación, el rupturismo, al excluir intencionalmente al piano dentro de su estructura de cuarteto e intrínsecamente ligado a la mejor tradición cultural de la música afroamericana, que tienen un carácter más fresco y casi burlón.

 Este, que fue uno de los primeros discos de vanguardia, mostró la ruta y los elementos esenciales del free jazz y produjo un gran impacto, al contener estructuras armónicas muy poco reconocibles y utilizar la improvisación simultánea. El álbum además de la batuta de Ornette Coleman en el saxofón alto contó con Don Cherry – trompeta pocket, el reconocido Charlie Haden – contrabajo y a Billy Higgins en la batería. Para muchos músicos, este álbum abrió las puertas al estilo atonal y demostró en la práctica que todo era posible en esta nueva ola del jazz.

Decir que estos 4 discos hicieron todo el trabajo sería injusto, en este año además murieron Billie Holiday y Lester Young, aparecieron en primeros lugares canciones de Dinah Washington, se lanzaron al mercado las óperas primas de otros que serían leyendas después, como Chet Baker y grandes álbumes como:

‘Portrait in Jazz’ Bill Evans, ‘Abbey is Blue’ Abbey Lincoln, ‘What a Diff’rence a Day Makes’ Dinah Washington; Blowin’ the Blues Away, de Horace Silver, y en ese mismo año grabó Jhon Coltrane su Gian Steps que marcaría un interesante rumbo para su carrera.

En resumen, el jazz se ramificaba desde lo tradicional y el be bop hacia movimientos como el cool, el free jazz o el hard bop. En una especie de movimiento simbólico de lo que también sucedía al interior de Estados Unidos como una sociedad diversa y multiétnica.

El jazz de aquella época fue un fenómeno tanto musical, quizás el más importante surgido en el siglo XX, como social y cultural. Todo esto sucedía en una industria que reconocía a Ella Fitzgerald en los primeros premios Grammy de la historia y aplaudía el fin de una década que daría paso a una de las más revolucionarias para el arte, la cultura y la historia musical de la humanidad.

Larry Harlow, más que un judio maravilloso.

Larry Harlow, más que un judio maravilloso.

Este Music Talk show estará dedicado a una leyenda del barrio, de la música latina y de la salsa: Larry Harlow.

Hola a todos, estaba repasando esta mañana antes de grabar este episodio un listado de los artistas que han fallecido en este 2021 y la lista me dejó sorprendido: Jimmie Morales, Chick Corea, Larry Harlow, Jhonny Pacheco, Charlie Watts de Rolling Stones, Dusty Hill de ZZ Top o Raffaella Carrá son solo algunos nombres de esa extensa lista de personajes únicos e irrepetibles que se fueron pero dejaron una huella imborrable.

Pero bueno, para no ponerme nostálgico, porque esa no es la idea de mi podcast, o bueno mejor este Music Talk Show de Spotify. Me iré rápidamente a un breve recorrido musical alrededor de la vida de un artista que se merece un homenaje y que lejos de pretender realizar un relato cronológico y musical de su obra. Hablaré de algunos hitos y su trascendencia en la escena musical neoyorkina y en ese sonido que llamamos salsa a propósito de que el pasado 26 de agosto, también cumpliera años el emblemático concierto de Cheetah donde participó el hombre del cual vamos a hablar hoy. Así que cuando usted esté escuchandome puede reflexionar que 50 años atrás se estaban despertando en NY todos los que se pegaron la borrachera bailando en el concierto del Cheetah

El inicio de esta historia comienza en Brooklyn, uno de los distritos de New York con mayor asentamiento de comunidades judías en todo el territorio americano, un lugar bastante particular en el cual solamente basta con recorrer sus calles para encontrarse con hombres con kippas, sinagogas y comunidades ultraortodoxas vinculadas con diferentes oficios y manifestaciones culturales. En Brooklyn conviven la salsa, con soul, el blues, el jazz y demás sonidos afroamericanos que se combinan con sonoridades judías como el klezmer. 

En este lugar el 20 de marzo de 1939, nace Lawrence Ira Kahn hijo de Rose Kahn una cantante de ópera que se dio a conocer con el nombre artístico Rose Sherman y Buddy Kahn un bajista muy reconocido en diferentes agrupaciones y lugares del Barrio Latino, en donde se hacía llamar Buddy Harlow; viniendo de un hogar profundamente musical no fue nada extraño que a los 13 años el joven Larry tuviera una agrupación propia y adoptara el apellido artístico de su padre, asunto que llamó la atención de sus padres quienes además se habían percatado del interés de aquel jovencito curioso que escuchaba a Noro Morales y Art Tatum, ambos pianistas, uno de música latina y otro de jazz

Pero quizás con el ánimo de encauzar su carrera hacia algo diferente a la noche y los clubes, sus padres estuvieron de acuerdo en que el joven se fuera a estudiar a Cuba los fundamentos de la música que tanto admiraba. Fue así como en 1957 el joven músico abandona sus clases en una escuela del Spanish Harlem para realizar el anhelado viaje que cambiaría su vida por completo. Al llegar a la isla Harlow recibe influencia directa del movimiento musical del momento, las canciones de Felix Chapotín, Miguelito Cuní y Arsenio Rodriguez que sonaban en la radio abren la perspectiva del joven, pero en especial uno de ellos, Arsenio, un músico genial sobre el que prácticamente Harlow edifica su obra al regresar a New York en 1959, cuando la revolución cambia los planes a turistas y sobre todo de ciudadanos americanos que se encuentran en la isla.

Harlow regresa a la gran manzana, pero ya no es el mismo, trae consigo los guerreros de su consagración a la religión Yoruba, en la cual tomó la mano de Orula para hacerse hijo de Ochun, la influencia de la isla, sus músicos y sobre todo la experiencia de haber podido vivir en plenos 50s en Cuba, disfrutar del Tropicana, Peruchín, Machito y todas las sonoridades que se quedan en su cabeza y en su corazón. Para dar inicio a este recorrido musical escucharemos a Arsenio Rodriguez, para muchos el papá de eso que después se llamo salsa, quizás su Buenavista Guaguancó, una canción de 1957 nos sirva para enmarcar la infancia y las influencias de Harlow y su obra.

Es pleno 1964, los salones de baile se han apoderado de la gran manzana y la música afrocubana es una epidemia que ha contagiado al jet set neoyorquino y a figuras como Marlon Brando, los Beatles están furor en todo USA y a un joven que había trabajado Departamento de Policía y acababa de llegar de Cuba luego de ocupar un cargo como asistente del Director de Relaciones Públicas en el Departamento de Turismo, se le ocurre ir a bailar con su novia a un Club llamado Chez José, este joven de origen italiano, que queda impresionado con la orquesta que tocaba en aquel club de Manhattan, su nombre es Jerry Masucci y mientras termina la velada le comenta al pianista y director de la orquesta que ahora se dedica como muchos otros de sus amigos italianos y judios al negocio de la música con un nuevo sello al cual le pide vincularse a partir de un prometedor contrato discográfico. De esta manera Harlow se convierte en el primer artista firmado por ese desconocido sello que después sería el flamante emporio, Fania Records. 

Larry quería grabar su disco con músicos que estuvieran a la altura de las ideas y el concepto musical que él quería lograr, no en vano duró dos años definiendo el elenco de su primer disco, por eso en 1966 cuando todo estuvo listo, la Orquesta Harlow graba Heavy Smokin, su primer álbum en el cual Larry haciendo un guiño a aquel bar graba donde todo comenzó graba una canción titulada Chez Jose y como tenía claro que a su agrupación le hacía falta el condimento cubano que tanto extrañaba en la fría New York, decide vincular al cantante cubano Felo Brito, quien graba, este, el primer corte del álbum una canción titulada «La juventud»

Dos exitosos álbumes transcurren en la discografía de la orquesta y se acerca el fin de una de las décadas más agitadas y revolucionarias de la cultura en el mundo, la música afrocubana de salón se transmuta en un sonido más callejero que ahora comienza a apoderarse de las barriadas latinas de la gran ciudad, es aquí cuando Harlow encuentra al cantante que elevaría su grupo a la aristocracia de la salsa: un jovencito puertorriqueño que había grabado con la orquesta de Joey Pastrana un hit llamado Rumbón Melón, un niño bonito con pinta de galán llamado Ismael Miranda que ya lo había acompañado en su álbum anterior, con él grabará una serie de explosivos LPs con un importante énfasis en ritmos afrocubanos y temas de boogaloo, sonido que muchas orquestas de moda del momento habían adoptado dentro de su furor. En este álbum el bajista es Bobby Valentín, quien después también sería trompetista y para no olvidar a su maestro e ídolo Arsenio Rodriguez, Larry graba una canción suya en este álbum titulada, Jaguey, un himno absoluto en su carrera musical.

Dos años después de este disco Arsenio muere dejando a su paso un vacío incalculable en la música cubana y neoyorquina, para muchos no habia muerto un musico mas, habia muerto el mentor de muchos de los que ahora tocan un ritmo al que llamaban salsa, Harlow con Miranda en pleno año 71 deciden lanzar el tributo de Arsenio a Harlow un disco logrado en 8 horas que sirvió como homenaje al mentor natural de Larry, y que sirve también como antesala a dos discos que consolidan a Miranda como el sonero de mayor proyección del sello Fania, de aquella seguidilla de éxitos se destacan Señor Sereno, La oportunidad pero es quizás un montuno con tono de despecho el que enmarca el momento de la salsa y del sonido callejero de barrio, una canción que hacía parte del álbum abran paso y que magistralmente Ismael deja plasmada como un clásico de la Orquesta Harlow, una canción llamada Abandonada fue.

Hacia 1973 Ismael, motivado por Masucci emprende un nuevo rumbo y Harlow inspirado por la ópera de rock Tommy, del grupo inglés The Who decide apostarle a un formato más conceptual y ambicioso, una ópera latina, llamada Hommy, en la cual decide apostarle a un elenco de vocalistas estelar, invitando a Cheo Feliciano, Pete El Conde, su nuevo vocalista Junior Gonzalez y según las palabras del propio Harlow, es esta la oportunidad para matrícular en el género salsa a la guarachera mayor, Celia Cruz, quien se suma al experimento interpretando una canción que sería un éxito absoluto, Gracia Divina, trampolín para una nueva etapa en la carrera de ambos.

Consagrado por su ópera Harlow decide bautizar definitivamente al género con un disco que lo mencionara con propiedad, es así como en 1974 lanza SALSA, uno de sus discos más trascendentales grabado en tan solo dos días con una consola de 16 canales en la cual decide remozar su sonido callejero con una propuesta más elaborada que combina el sonido de las trompetas y trombones con dos violines, en una sonoridad que equilibra inteligentemente la elegancia con la agresividad del género, la fórmula de versionar temas de Arsenio Rodriguez con una sonoridad más neoyorquina es el éxito del disco y aunque en la radio este hombre que ya apodaban el Judio Maravilloso se anota un hit con una canción llamada La Cartera, yo a título personal escogí una canción que combina diferentes elementos propios del álbum, la santeria, el jazz, la improvisación y la magia, una canción hecha por Israel Rodríguez el hermano de Arsenio llamada No Quiero, en esta canción suceden cosas mágicas que describen en su interior un momento fascinante de la música que se hacía en ese momento, hacia el minuto 2.50 el tres de Harry Vigiano y la flauta de Charile Miller parecen bailar un solo al unísono estupendo, ofreciendo uno de los mejores momentos del álbum.

El apodo del Judio Maravilloso es tan exitoso que se vuelve álbum, y ahora con Junior González como vocalista principal. Este LP de 1975 continúa explotando un sonido épico de influencia cubana que se vuelve una eufórica respuesta hacia la inmensa expectativa que había sobre el mismo, un álbum que servirá además para celebrar los 10 años de Harlow en la Fania, razón por la cual decide hacer la grabación con la misma orquesta original que había hecho su primer disco. El disco en ventas no fue superior a su antecesor SALSA, pero se destacan canciones como esta, la version de Harlow del track original de Arsenio con el que abrimos este Music Talk show, «Buenavista guaguancó».

A fines de los 70, la salsa es terreno fértil para experimentos, fusiones y discos conceptuales. Harlow participa en esta tendencia con un musical bastante ambicioso llamado, A Salsa Suite, un álbum que describe la evolución del género tropical desde África al Caribe, pasando por el Nueva York de los años 50 y 60, y culminando con un tema dedicado al futuro. Un disco ambicioso, extraño que sería un manjar para músicos e intelectuales pero que difícilmente lograría ser entendido por el bailador en el barrio. Para doblar su apuesta Harlow contrató a Rubén Blades como vocalista, aunque en este momento Ruben apenas comienza a construir su camino al boom de su carrera. Un disco fallido y breve, pero fascinante en su ambición conceptual que contó con la pluma del arreglista y pianista colombiano Eddie Martinez, del album rescatamos esta canción titulada la raza latina.

En el mismo 1978 Larry Harlow Presents Latin Fever un disco producido Rita Harlow con una tremenda banda integrada por mujeres. El álbum contó con los arreglos de Luis “Perico” Ortíz, Marty Scheller, Randy Ortíz y Sonny Bravo. Y sobresale el hecho de que el Piano estuvo a cargo de Carol Parker (dado que es un álbum integrado por mujeres). En este álbum curiosamente se hace la primera versión en inglés de una canción de Juan Formell y Los Van Van, el songo Chirrin Chirran canción que escucharemos a continuación por esta agrupación producida por Harlow llamada Latin Fever.

Entre 1978 y 1979 y con Fania Records atravesando diferentes líos económicos, de egos, de producciones inconclusas y comisiones que no coincidían con las cifras oficiales. Harlow le apuesta a la música y rinde honores a su nuevo vocalista, un joven albino proveniente de la banda de King Nando, Tonny Pabón y la Orquesta Colon, un hombre considerado por muchos una de las mejores voces de la salsa, un talentoso cantante que no contó con el cartel y la difusión de otras estrellas del momento, el sonero Néstor Sánchez con el cual Harlow graba los albumes El Albino Divino y al año siguiente Rumbambola, de donde destacamos esta canción titulada Con la mayor elegancia.

Con esta canción llegamos al final del resumen de una de las épocas de furor de una leyenda de la música latina, de New York, de la salsa y de la Fania. Larry Harlow, un hombre criticado por muchos por haber replicado en muchos casos canciones originales del cancionero popular cubano de la década de los 50, pero cuya importancia radica en la capacidad de haber sido el vaso comunicante entre los sonidos tradicionales de la isla y su masificación en Nueva York para llamarle como hoy conocemos al género, SALSA que para él siempre fue una combinacion de musica bailable afrocubana, jazz de los clubs nocturnos de la gran ciudad y letras que representan a un público latino unido por un mismo mensaje de esperanza.

Su obra y su legado nos dejan clara la dimensión de un músico único. Un visionario que trascendió a su época y quedará en la historia como algo más que un judio maravilloso.