Montreux Jazz Festival - Ruben Blades

A propósito de Rubén Blades


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Esta mañana leía las palabras de Rubén Blades y su mirada reflexiva sobre la Venezuela que tanto ama y tanto ha bailado con sus canciones. En Caracas, Maracaibo, Valencia o Maracay sus canciones han enmarcado incansables tertulias y bailes de los cuales seguramente quedarán gratos recuerdos. Incluso, una de sus operas primas “Maestra Vida” cuenta con el talento narrativo de Cesar Miguel Rondón, otro venezolano que por cosas de la vida nació en México, pero es tan venezolano como ninguno, y también como muchos, está cansado del actual momento de su país.

Las voces de protesta no se hicieron esperar y como en todo régimen absolutista a Ruben lo tildaron de fascista, yankee y entrometido por opinar sobre un país que según los venezolanos que apoyan al gobierno, no le pertenece. Me parece hipocrita cuestionar a un hombre que le ha dado mas alegría America Latina que muchos de sus presidentes. Incluso, me atrevo a decir que Venezuela ha sido más feliz bailando en las esquinas con su música que matándose como hoy en cualquiera de sus calles.

Recordé una pieza única de Blades, que sin importar izquierdas o derechas sigue estando mas vigente que nunca. Una canción que llega el alma y nos recuerda crudamente nuestra “Hipocresia”

La sociedad se desintegra.

Cada familia en pie de guerra.

La corrupción y el desgobierno

hacen de la ciudad un infierno.

Gritos y acusaciones,

mentiras y traiciones,

hacen que la razón desaparezca.

Nace la indiferencia,

se anula la conciencia,

y no hay ideal que no se desvanezca.

Y todo el mundo jura que no entiende

por que sus sueños hoy se vuelven mierda.

Y me hablan del pasado en el presente,

culpando a los demás por el problema

de nuestra común hipocresía.

El corazón se hace trinchera.

Su lema es sálvese quien pueda.

Y así, la cara del amigo

se funde en la del enemigo.

Los medios de información

aumentan la confusión,

y la verdad es mentira y viceversa.

Nuestra desilusión

crea desesperación,

y el ciclo se repite con más fuerza.

Y perdida entre la cacofonía

se ahoga la voluntad de un pueblo entero.

Y entre el insulto y el Ave María,

no distingo entre preso y carcelero,

adentro de la hipocresía!

Ya no hay Izquierdas ni Derechas:

sólo hay excusas y pretextos.

Una retórica maltrecha,

para un planeta de ambidiextros.

No hay unión familiar,

ni justicia social,

ni solidaridad con el vecino.

De allí es que surge el mal,

y el abuso oficial

termina por cerrarnos el camino.

Y todo el mundo insiste que no entiende

por que los sueños de hoy se vuelven mierda.

Y hablamos del pasado en el presente,

dejando que el futuro se nos pierda,

viviendo entre la hipocresía.